1 – Aliña con limón, vinagre de arroz o de umeboshi. Al hígado le encanta el ácido y le resulta de gran ayuda para transformar las grasas y  liberarse de las toxinas.

2 – Piensa en verde a diario. Aumenta la ingesta de hojas verdes (coles, rúcula, canónigos, escarola, hojas de diente de león, alcachofas…). Le encanta la clorofila y el oxígeno que te aportan.

3 – ¡Cena más temprano! Y déjale descansar por las noches. Si vas a dormir haciendo la digestión tu hígado seguirá haciendo “horas extra” .

4- Realiza estiramientos laterales. Lo tendrás en plena forma y bien relajado.

5 – Suelta las emociones. Piensa que es un órgano hipersensible y que aquello que no expresas y no echas para fuera, al hígado “se le atraganta”.

6 – Reduce la sal y aumenta el consumo de las algas marinas. El hígado se entiende muy bien con las algas y a ambos les encanta el detox.

7 – Alimenta tus “bacterias amigas”. Las encuentras en los alimentos probióticos: el chucrut, el miso, la umeboshi… Junto con los intestinos harán un gran equipo.

8 – Despiértate con las gallinas y contempla el amanecer. La energía del hígado es la ascendente y la del crecimiento. ¡Le encanta madrugar!

9 – Suelta la gente tóxica, recuerda que es muy selecto y de buenas compañías tranquilas.

10 – Cierra los ojos y dedica unos segundos a visualizar tu hígado de un color verde brillante, repite las palabras ‘te quiero’ y ‘gracias’. Dedícale una sonrisa interior.


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